Cuando la vida va pasando, son tantas las letras que hemos unido para pronunciar y encontrar algún sentido. Rostros, colores, olores y calores agitados o tranquilos. Tantos ojos que nunca fueron parte de nosotros. Los pasos huyeron siempre con el rastro de la soledad. Labios ajenos, siempre lejanos y prohibidos.
Esta mezcla que todos los días repasamos nos invita a recorrer caminos infinitos, sin embargo, regularmente elegimos los dos o tres acostumbrados. Así empieza a ser frustante una experiencia que se acaba. No sé cuándo, no sé donde y mucho menos cómo, pero el canto a la vida, es al tiempo una alabanza de muerte, sus danzas nos conducen a la sombra certera del no ser.
Ni mucho menos quiero ser filosófico con este "manojo de palabras", pero los 10 dedos largos y flacos, quizás desafinados, dejan escribir algunos sentidos o sin sentidos.
La vida es una moneda, en efecto, quien la rebusca la tiene, y nos peleamos todo el tiempo en ese rebusque que nos deja sin un minuto para reír llorar o envolvernos en perversas soledades.
Solitario, siempre con muchos rostros que se ven, solitario con llantos en silencio, sólo quiero decir que la interpretación de Baglietto y la letra de fito, dan un canto de esperanza, de modestia y quizás de apertura para que los infinitos caminos de la existencia no sean sólo unos pocos, aquellos de los que vivimos esclavos...
Y aquí dos videitos, con la versión de Baglietto y la nueva y quizás extraña de unos cantantes chilenos.
sábado, 12 de abril de 2008
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